Realismo mágico: post-expresionismo

Soy como el perro de Pavlov, se me anduvo agitando mucho tiempo la cola cada vez que veía la lucecita roja, hasta que eso de los estímulos fue desapareciendo, pues nunca llegaba la comida...
Ahora, veo luces rojas si, parpadean de cuando en cuando y a destiempo... y nunca terminan de extinguirse, supongo que todos queremos aferrarnos a la esperanza, que la necesitamos entre tanta vacuidad, sujetarnos a falsas creencias, aunque sepamos lo falsas que son y las decoremos con vastas sonrisas de cemento...frías, secas, sólidas...sonrisas sin corazón ni corte de camisa.
Recientemente he ojeado un maravilloso libro llamado "El Señor Presidente" de un tal Miguel Ángel Asturias; en este libro se refleja un mundo plagado de sinsabores, nutrido de una visión nefasta, regurgitada en el seno de muchas vidas sin sueños ni play station, vidas extinguidas por armas atómicas de odio y avaricia.
Los surrealistas mágicos (y perdónenme por utilizar tal etiqueta) abren el mundo, lo repasan, lo extraen del abismo del subconsciente y lo regalan en forma de puños repletos de miedo...un miedo que subyace en toda expresión pasajera; es la explicación lógica de toda sonrisa de cemento... de toda lucecita roja sin comida... de toda esperanza fusilada a pedradas... a golpe de paso de naúfrago...perdido, varado en tierra de nadie.