Cómo balar

Cuando caminas por la calle y se te pega un chicle a la sandalia, si es uno de esos días en donde no importa incluso que te chillen y te lancen cócteles molotov, todo está bien, eres feliz; justo a esa hora, en ese instante señalado por el destino o el gilipollas al que se le ocurrió tirar ese chicle, el universo entero paplpita contigo adentro y en perfecto equilibrio... te felicito, eres de los nuestros, sabes balar.
Pero si ese día que vas caminando por la calle y se te pega un chicle a la sandalia, es uno de esos días en los que te encuentras cavilando un exterminio masivo de ignorancia y caras sonrientes, si es uno de esos días en los que desearías estar en tu casa llorando y preparando un bonito funeral como obsequio ególatra, por lo estúpido, ignorante, y sediento de sangre que estás... porque hay que ser imbécil para desear algo así (según mi vecina del cuarto), si te encuentras en uno de esos momentos... si ese es uno de esos instantes... te compadezco...
¿Por qué es tan importante balar?, y remarco lo de importante, muy sencillo, si no balas, si no abres tu preciosa boca de borrego, porque eso es lo que somos, pues no hay premio.
Por ejemplo, si tú vas y no mantienes la calma en el instante en el que se te pega el chicle a la sandalia y en vez de sentir el deseo de machacar al resto de la humanidad, coges y te tiras al suelo, y empiezas a llorar o a fingir un ataque de algo, podrás observar, como nuestro instinto borreguil nos supera y por empatía hacia nuestra raza todos los borregos que en ese instante cruzan la plaza (en la que te encuentras tirado y lleno de lágrimas), vendrán a socorrerte. No obstante, si decides sucumbir a tus primeros impulsos y continuar con el instinto psicópata de exterminio generalizado (igualmente sano pero no aceptado socialmente) y empiezas a gritar y a blasfemar a los cuatro vientos contra el desgraciado ese que tiró el chicle, y tus manos pierden el control y se dedican a tirar todo lo que en ellas cabe para hacer diana en el trasero de alguno de aquellos borregos asustadizos; lo siento, te compadezco, vas a tener problemas.
Por desgracia, a la gente no le gusta plantearse la posibilidad de perder el control, la gente juzga con demasiada frivolidad y ligereza los sobresaltos del resto, y no obstante deberíamos plantearnos esta pregunta... ¿cuántos somos los que balamos y no obstante perdemos el control?, se supone que se ha de ser un borrego para ser feliz, hemos de integrarnos, es más, debemos hacerlo, es nuestro deber y obligación... entonces, ¿cómo es que sentimos tanto miedo ante este tipo de situaciones?, ¿de qué nos avergonzamos?...
A veces creo que deberíamos relajarnos un poco más y dejarnos de excusas de botellón para aligerarnos un poco el paso...